Abordar el cambio climático aumentando la resiliencia de la agricultura

La doble necesidad de invertir en adaptación y mitigación exige un enfoque innovador. El financiamiento mixto y los servicios de asesoría pueden ofrecer un punto de partida.

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Las intervenciones de mitigación por parte del sector privado son necesarias a nivel mundial para contener el cambio climático. Pero eso no es suficiente. Las empresas situadas en zonas geográficas muy vulnerables y sectores sensibles necesitan invertir urgentemente en resiliencia climática para estar mejor preparadas ante los cambios que ya están en marcha.

La buena noticia es que la adaptación no es solamente un requisito para preservar los medios de subsistencia de las comunidades locales y la solidez de las cadenas de suministro mundiales, sino también una oportunidad para innovar, aumentar la productividad y desarrollar nuevas oportunidades de negocio. Reconocer la doble necesidad de la adaptación y la mitigación puede desbloquear inversiones que fomenten las sinergias entre ambas respuestas al cambio climático.

Tomemos el ejemplo de América Central. Es una de las regiones del mundo más afectadas por los fenómenos meteorológicos extremos y alberga el Corredor Seco, una franja de territorio que se extiende por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, donde viven más de 10 millones de personas que se dedican a actividades agrícolas, especialmente a la pequeña producción de granos básicos.

Los países de esta región sufren largos períodos de sequías seguidos de intensas lluvias que afectan tanto a los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria de las poblaciones locales, como a las cadenas de suministro en general. Más del 50% de la población rural de estos países vive en la pobreza, por lo que no sólo son más vulnerables al cambio climático, sino que también tienen menos recursos para hacerle frente. Esto crea un círculo vicioso que genera mayor inseguridad alimentaria, acceso limitado al agua potable, gestión improductiva de la tierra y resultados sanitarios insatisfactorios que acotan las oportunidades de la generación venidera.   

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Ante tales condiciones, las empresas que dependen de que las condiciones climáticas sean adecuadas para poder prosperar, deben adaptar sus modelos de negocio, no sólo para mejorar su rendimiento, sino también para preservar las zonas en las que operan. Adoptar un enfoque basado en datos puede contribuir a mejorar la situación.

Tomemos como ejemplo la gestión del agua en el sector agroindustrial. Existen avances tecnológicos que permiten contar con sistemas de riego de bajo carbono, así como prácticas que mejoran el acceso y la gestión del agua. Sin embargo, también existen barreras que impiden la adopción más amplia de dichas tecnologías: (i) las empresas no necesariamente pueden acceder a los conocimientos y la experiencia que necesitan, (ii) el agua es un recurso natural que no tiene un precio adecuado y (iii) los que lideran el cambio en ocasiones deben asumir mayores costos para acceder a las soluciones existentes e implementarlas.

BID Invest trabaja con clientes en el sector de agronegocios para implementar soluciones a escala y probar conceptos innovadores con miras a una gestión del agua climáticamente inteligente que integre medidas de mitigación y adaptación. Esto se logra complementando su oferta financiera con servicios de asesoría para resolver las dificultades de acceso a los conocimientos y la experiencia, y el financiamiento mixto para superar las barreras financieras que imponen las externalidades con precios inadecuados y la inercia del mercado.

Un ejemplo es la operación con Nicaragua Sugar Estates Limited (NSEL) realizada en 2019. El paquete financiero incluyó un préstamo de USD 25 millones de BID Invest y un préstamo de USD 12,5 millones de fondos concesionales del Fondo Climático Canadiense para el Sector Privado de las Américas - Fase II (C2F) que, por primera vez, apoyó un proyecto para la adopción de sistemas de riego más eficientes y la gestión resiliente del agua con el objetivo de optimizar el uso de los recursos naturales.

En este caso, se prestaron servicios de asesoría para identificar, evaluar técnicamente y priorizar las intervenciones con mayor impacto y viabilidad a fin de lograr un sistema de producción resiliente y bajo en carbono teniendo en cuenta las proyecciones futuras del cambio climático y el potencial de mitigación. El tramo de financiamiento combinado aportó la flexibilidad necesaria para ajustarse al plazo de implementación y garantizar la prioridad de la adopción de las tecnologías y prácticas identificadas.

La operación de NSEL permite extraer lecciones relevantes para otras industrias y geografías, que presentan también un alto potencial para ser replicadas:

1.         Una toma de decisiones basada en datos que tenga en cuenta el cambio climático es la única manera de estar preparados para el futuro. Los patrones climáticos históricos ya no son suficientes para predecir el futuro. Es crucial que las empresas que dependen del agua conozcan el estado de sus recursos hídricos y los factores que comprometen su disponibilidad futura con el fin de adaptarse y mitigar los riesgos.

2.         La gestión climáticamente inteligente reduce al mínimo el consumo de recursos naturales. Cuando se trata de la gestión del agua, no todo lo que las empresas pueden hacer para reducir su huella de agua es adoptar sistemas de riego más eficientes. La impermeabilización de los canales de riego reduce las pérdidas durante el transporte del agua, y las técnicas de conservación del suelo, como el cultivo en contorno, favorecen la infiltración del agua de lluvia y mejoran la disponibilidad de humedad. Además, la aplicación de medidas de eficiencia energética en el diseño, el mantenimiento y el funcionamiento de las líneas de distribución de electricidad que alimentan los sistemas de riego, así como de las estaciones de bombeo de aguas subterráneas, puede contribuir a reducir considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero.

3.         La gestión climáticamente inteligente también protege los recursos naturales. Las empresas pueden mejorar la disponibilidad de agua invirtiendo en reservorios para la captación y el almacenamiento o usando los canales existentes como minipresas. También pueden aplicar medidas para la conservación y restauración de los bosques autóctonos como forma de contribuir a preservar las zonas prioritarias de recarga de aguas subterráneas en la cuenca fluvial y, al mismo tiempo, aumentar el secuestro de carbono y preservar los servicios de los ecosistemas. Estas medidas pueden implementarse en colaboración con las comunidades locales y el gobierno a través de un esquema de pago por servicios ecosistémicos.

4.         Los subproductos pueden transformarse en otra fuente de ingresos. Mediante un enfoque de economía circular, las empresas pueden aprovechar los subproductos de sus operaciones para desarrollar nuevas fuentes de ingresos en sus modelos de negocio. En la industria azucarera, las aguas residuales contienen elementos naturales que aumentan más de tres veces la productividad del suelo. Si se procesan adecuadamente, pueden transformarse en biofertilizantes para consumo propio o comercialización, pudiendo generar ingresos adicionales y reducir las emisiones de metano.   

BID Invest se compromete a aprovechar sus recursos de financiamiento mixto y sus servicios de asesoría para abordar simultáneamente la mitigación y la adaptación al cambio climático apoyando proyectos piloto, replicando y escalando proyectos con prácticas innovadoras y modelos de negocios que puedan liderar el camino hacia sistemas de producción agrícola resilientes y con bajas emisiones de carbono.

 

 

 

 

 

Autores

Camila Rodríguez Taylor

Camila es Consultora en el equipo de Cambio Climático de BID Invest, a donde ingresó en 2019. Es responsable de apoyar el desarrollo de inversiones cl

Pilar Carvajo Lucena

Pilar es oficial de gestión de inversiones en el equipo de Financiamiento 
Mixto de BID Invest, adonde ingresó en 2017. Brinda 

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