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Género, comercio regional y crecimiento inclusivo en la Cuarta Revolución Industrial

La promoción de una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral y en el ecosistema de negocios debe considerar de manera estratégica el desarrollo tecnológico y los cambios en las cadenas de valor para lograr un empoderamiento económico femenino verdaderamente sostenible en el marco de la Cuarta Revolución Industrial.

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Temas relacionados con la equidad de género se han incorporado gradualmente en las políticas y esfuerzos comerciales de los países de América Latina y el Caribe (ALC). Como prueba de este movimiento, una gran cantidad de organismos de promoción comercial vienen promoviendo la internacionalización de empresas lideradas por mujeres, reconociendo el rol de la diversidad de género para generar innovación, competitividad y crecimiento inclusivo.

Esto incluye al Programa Mujeres Exportadoras de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, Mulheres na Exportação de Apex-Brasil, Mujer Exporta de Prochile, Women Export de Procomer, Ella Exporta de Promperu y WE-Export de Caribbean Export, entre otros. Lo mismo ocurre con plataformas de intermediación comercial entre empresas lideradas por mujeres y compradores corporativos como ConnectAmericas Mujer, del Grupo BID, y WEConnect International.

Sin embargo, el comercio en la región aún tiene efectos distributivos que varían según el género. Las mujeres representan una proporción menor del empleo exportador que el empleo total, aunque esta brecha se ha reducido en las últimas dos décadas, de acuerdo con CEPAL. En base a información disponible para 10 países de América de Sur y México, en 2018 un 11,8% de las mujeres de estos países estaban ocupadas en el empleo asociado a las exportaciones, en comparación con 15% de los hombres.

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Aunque falten datos, si aplicamos al segmento de exportaciones las mismas dinámicas de la discriminación que ocurren en el mercado laboral en general, es muy probable que los efectos del comercio también varíen entre distintos grupos de mujeres, estando las mujeres racializadas, por ejemplo, en probable posición de desventaja.

Además, tanto desde el punto de vista del empleo, como desde el punto de vista del emprendimiento femenino, las mujeres siguen estando super representadas en sectores considerados “blandos” (aquellos que no requieren habilidades STEM, de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Y están subrepresentadas en los dichos sectores “duros”, que suelen ser los más competitivos, tener productos y servicios de más alto valor agregado, mejor rentabilidad y mayor potencial de generar empleos estables y de calidad.

Es lo que nos enseña, por ejemplo, el recién lanzado informe de Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL), “Una Olimpiada desigual - La equidad de género en las empresas latinoamericanas y del Caribe”, que ya citamos en esta entrada. Según el estudio, la presencia laboral femenina predomina fuertemente (64%) en áreas como Recursos Humanos, Comunicaciones, Relaciones Públicas y Responsabilidad Social y menos (35%) en áreas como Comercio Exterior, Operaciones e Informática.

De la misma forma, en el campo de emprendimientos, de acuerdo con WEConnect International, las empresas lideradas por mujeres en ALC están fuertemente representadas en los sectores de servicios profesionales, publicidad, relaciones públicas, desarrollo profesional, producción de alimentos y servicios de salud y cuidados.

Esta tendencia también se confirma en el campo de formación académica y profesional. De acuerdo con el recién publicado Unesco Science Report 2021, las mujeres, en nivel global, representaban solo una cuarta parte (28%) de los titulados superiores en ingeniería y el 40% en informática. El estudio también destaca que las mujeres son solo el 22% de los profesionales que trabajan en el ámbito de la inteligencia artificial y siguen siendo una minoría en los puestos técnicos y de liderazgo en las empresas tecnológicas.

Si bien todas las actividades deben ser reconocidas y valoradas, las tecnologías digitales se consideran fundamentales para la futura competitividad económica y, dados los cambios acelerados en los modelos de producción provocados por los procesos de automatización y la inteligencia artificial, la subrepresentación de las mujeres en los sectores más tecnológicos les pone en una situación de alto riesgo.

De acuerdo con Women Economic Forum, si nada cambia, los hombres perderán tres puestos trabajos para cada un nuevo trabajo creado en la economía resultante de la Cuarta Revolución Industrial creada por la digitalización e inteligencia artificial, mientras que las mujeres perderán cinco puestos para cada un nuevo trabajo creado por las nuevas demandas.

La investigación conducida por INTAL, con 1.015 empresas de 20 países de la región, confirma este círculo virtuoso entre la tríada tecnología, comercio internacional y equidad de género. El estudio destaca que, por un lado, las empresas exportadoras, en general, son más comprometidas con análisis de brecha salarial de género y brindan más beneficios con relación a las empresas no exportadoras. Por otro lado, las empresas cuya fuerza laboral está más capacitada y utiliza tecnologías avanzadas resultan ser más equitativas en términos de género que el resto de las empresas.

Además, está comprobado que la diversidad e inclusión son importantes motores para impulsar la innovación y la colaboración – dos factores claves no solo para la disrupción tecnológica, sino también para enfrentar los desafíos de reconstrucción económica postpandemia. De acuerdo con McKinsey, en América Latina, los empleados y empleadas de compañías comprometidas con la diversidad tienen 152% más probabilidad de proponer nuevas ideas, 64% más chance de compartir ideas y mejores prácticas y 77% más propensos a manifestar que sus organizaciones aplican consistentemente ideas externas para mejorar sus resultados.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 8 nos ha impulsado en la búsqueda por un modelo de crecimiento económico inclusivo y mediante el aumento de los niveles de productividad y la innovación tecnológica, sin dejar a nadie atrás. En este sentido, las cadenas de valor regionales tienen una importancia relevante en la generación de empleos ya que, en el actual contexto mundial, la integración regional debe cumplir un papel clave en las estrategias de salida de la crisis en ALC.

En este sentido, tenemos que asegurar que los impactos distributivos de las exportaciones e importaciones beneficien a hombres y mujeres. Esto se logra a través de la inserción efectiva de las mujeres en el comercio internacional, y la promoción de la participación más paritaria de las mujeres en sectores estratégicos con mayor innovación, tecnología y rendimientos crecientes.

 

 

Escrito por

Daichi Tsuchihashi

Daichi es Oficial de Inversión de Telecomunicaciones, Medios y Tecnología (TMT) de BID Invest, adonde ingresó en 2016. Es responsable de la originación y estructuración de operaciones de financiamiento con impacto en desarrollo para empresas del sector TMT en diferentes países de América Latina y el Caribe. Antes de ingresar al Grupo BID, Daichi fue Analista de Crédito e Investigador de Mercado de Mizuho Bank. Participó en operaciones de patrocinio de préstamos y monitoreo de clientes corporativos de los Estados Unidos en el sector de energía y TMT. Además, lideró proyectos de fus iones y adquisiciones e investigación para clientes corporativos japoneses en América Latina. Daichi tiene una maestría en Derecho de la Escuela de Derecho y Diplomacia Fletcher de la Universidad de Tufts (EE. UU.) y un título de pregrado en Estudios Internacionales de la Universidad Sophia en Tokio (Japón).

Natalia Torres

Natália es Oficial de Gestión de Inversiones en Género, Diversidad e Inclusión en BID Invest, a donde ingresó en 2020. Es responsable de apoyar y asesorar a los clientes sobre estrategias de Diversidad e Inclusión. Antes de ingresar al Grupo BID, trabajó en organizaciones globales sin fines de lucro, como World Vision y WEConnect International, y en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde estuvo asignada bajo un proyecto con el Servicio Brasileño de Apoyo a Micro y Pequeñas Empresas (SEBRAE). Ha trabajado durante los últimos nueve años con proyectos de inclusión socioeconómica, enfocados en grupos subrepresentados y desfavorecidos, especialmente mujeres y comunidades de bajos ingresos en Brasil y otros países latinoamericanos. Natália posee una licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Estadual Paulista (UNESP), una maestría en Desarrollo Sostenible de la Escuela de Organización Industrial de Madrid (EOI) y una maestría en Políticas Públicas, Estrategia y Desarrollo de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

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