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Repensando los caminos digitales de América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe necesitan renovar su estructura digital si desean brindar la calidad de servicios que sus usuarios necesitan. Es hora de mejorar el panorama de conectividad de la región.
GONZALO ARAUZ
GUILLERMO MULVILLE
SEPTIEMBRE 13 2019

Repensando los caminos digitales de América Latina y el Caribe

Durante siglos Roma fue la capital del mundo, el centro neurálgico de cuanto sucedía en este planeta. Todos los caminos conducían a Roma porque ¿a dónde más podían ir? Algo parecido sucedió con la infraestructura digital. Desde los albores de Internet a fines de los años setenta, durante muchos años la conectividad en nuestra región apuntó a facilitar el acceso a los centros de conocimiento y procesamiento de datos. Con el tiempo y, a medida que la industria de contenidos en digitales fue creciendo, Estados Unidos se transformó en el principal origen y destino de los datos consumidos en América Latina y el Caribe, concentrando en su estructura digital a los centros de datos más grandes y eficientes.

Para viajar de Panamá a La Paz a nadie se le ocurriría hacer conexión en Roma. Sin embargo, en muchos casos, eso es muy parecido a lo que sucede con el flujo de la información cada vez que usamos Internet. Dado que el principal tráfico de nuestra región se produce entre el norte y el sur, repensar las conexiones entre nuestros países no ha sido en realidad una prioridad; por eso, si necesitamos mandar un correo electrónico desde Centroamérica a Bolivia, en vez de elegir la línea recta, los datos fluyen a través de nodos en EE. UU.

Sin entrar en muchos detalles técnicos, esto funcionó y funciona bastante bien para muchas aplicaciones, pero al igual que ocurrió con los caminos y con Roma, la demanda de conectividad ha ido mutando. Lo que nació como una red de redes para compartir el acceso a grandes bases de datos centralizadas, cambió totalmente con el crecimiento del streaming, el advenimiento de la computación en la nube y el nacimiento de la Internet de las cosas. Esta nueva demanda requiere una red donde la conectividad local y regional sean mucho más importantes. En otras palabras, el diseño radial de la infraestructura digital en nuestra región quizás ya no tenga mucho sentido.

Una nueva Roma para la Internet de ALC

Si bien la luz viaja a cerca de 200 mil km/s dentro de la fibra óptica, seguir los caminos tradicionales puede ser un problema: recorrer más de 10 mil km/s de ida y vuelta a servidores en EE. UU. puede exceder las 100 milésimas de segundo. Este concepto se llama “latencia” y para monitorear la latencia se usa el ping (por packet Internet groper, o capturador de paquete de Internet), que es el tiempo que tarda una conexión local en comunicarse con un equipo remoto en la red IP. El ping se mide en milisegundos y mientras más bajo, mejor. Un ping de 20 ms es ideal, pero de 100 ms ya es crítico.

Esta demora de 100 ms es aceptable para algunas aplicaciones (correo electrónico, navegación en la Web), pero es una eternidad a la hora de manejar aplicaciones críticas (transacciones financieras, vehículos autónomos, juegos). La distancia importa. ¡Pregúntenle si no a sus hijos adolescentes en qué servidores juegan FIFA 2019! Se sorprenderán al ver que lo conocen perfectamente. Por otro lado, ¿saben ustedes dónde se almacenan sus documentos laborales?



Del mismo modo, la capacidad de transporte de la fibra óptica internacional no es ni infinita ni barata. Para los grandes volúmenes de datos transportados (especialmente en el caso de los videos de alta definición) el costo de transmisión internacional hizo ya hace unos años que los proveedores de servicio de Internet (ISP) y los generadores de contenido (OTT) empezaran a tomar medidas para acortar las distancias y almacenar el contenido lo más cerca posible del cliente. En vez de traer cada capítulo de Breaking Bad decenas de miles de veces desde California a Argentina o de reproducir los cientos de millones de visualizaciones que el videoclip de “Despacito” tuvo en América Latina desde los servidores de YouTube en Seattle, el contenido se almacena muy cerca del cliente (en memoria caché) y desde allí se le transmite. Resultado: todos ganan, los usuarios están felices y los costos operativos se hacen más bajos.

Los efectos que buscamos

¿Qué implica todo esto para la infraestructura digital de América Latina y el Caribe? Estas nuevas tendencias abren una gran gama de oportunidades de negocio con muchos desafíos. En principio, los costos de montar y operar centros de datos, en la mayoría de los países de la región, son mayores que en EE. UU. Asimismo, en el caso de la conectividad y de la confiabilidad de la distribución eléctrica resulta muy difícil igualar la calidad de servicio que se puede obtener operando desde EE. UU. Por último, la falta de fibra óptica regional y falta de nodos de conexión locales (conocidos como IXPs) desincentivan también la instalación de nuevas capacidades.

Sin embargo, resolver estos desafíos traería dos efectos a mediano plazo:

  1. Más y mejor almacenaje local: La mayor y más compleja demanda digital está impulsando el surgimiento de los denominados “centros de datos de hiperescala” (recuerden este término que está haciendo mucho ruido) en la región.

Estos centros de datos de hiperescala son bastante distintos a los que estábamos acostumbrados: son instalaciones monstruosas (de más de 10 mil m2 cubiertos y con el consumo eléctrico de una pequeña ciudad), construidos con estándares de calidad Tier III o EDGE Gold para grandes compañías tecnológicas como Facebook, Google, Amazon Web Services y Microsoft (Azure). A la fecha, São Paulo y en cierta medida Santiago de Chile han sido los puntos de la región donde reside la mayor concentración de centros de datos de gran capacidad.

Además de estos monstruos, la exigencia de disponer de datos lo más cerca posible de la zona de consumo dio origen a los “centros de datos de proximidad” (en inglés edge data centers, recuerden también este término que se está volviendo tendencia). Los centros de datos de proximidad pueden tener también gran capacidad, pero su diferencial es la gran cercanía a los puntos de consumo, algo primordial para servicios de computación en la nube, Internet de las cosas y streaming de alta fidelidad. Ubicados en las periferias, estos centros pueden estar alojarse en torres de telefonía, estadios de fútbol o centros de convenciones.

2. Nuevas rutas de gran capacidad: Si bien la conectividad internacional con EE. UU. seguirá siendo relevante, la demanda que más aumentará será la de fibra local, nacional y regional que facilite el tráfico eficiente entre los puntos de consumo y los centros de datos tanto de proximidad (edge) como de hiperescala, ya que será en estos últimos donde se almacenen los datos más críticos y de mayor volumen.

Por desgracia, en América Latina y el Caribe la conectividad entre los principales polos de consumo es aún muy pobre. Es más fácil y económico establecer una conexión digital entre Santiago y São Paulo a través de Miami que hacerlo a través de Argentina o Bolivia. Nuevamente aquí, los grandes proveedores de datos buscan proveedores de conectividad que los apoyen, aunque no siempre los encuentren

Estas nuevas tendencias abren una gran gama de oportunidades de negocio, aunque no sin pocos desafíos. Por ello, BID Invest apoya el desarrollo de una mejor infraestructura de banda ancha para la región. Conversamos permanentemente con proveedores independientes de capacidad de centros de datos y operadores mayoristas de fibra regional y anillos metropolitanos de alta capacidad, buscando entender sus necesidades y desafíos.

Sin esta infraestructura, será imposible mantener a la región competitiva y pujante en la nueva era digital.■

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