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Más referentes femeninos y menos Matildas

Matilda J. Gage fue una activista norteamericana de los derechos de la mujer y la campaña que lleva su nombre, #NoMoreMatildas, busca dar visibilidad a las mujeres científicas que la historia colocó en un segundo plano. El objetivo es que más mujeres estudien carreras científicas.
GEMA SACRISTÁN
FEBRERO 11 2021

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¿Imaginan que Einstein hubiera sido mujer? ¿Qué hubiera ocurrido con sus investigaciones? ¿Habría tenido las mismas posibilidades? ¿Habría ocupado el mismo lugar en la historia?

Nadie conoce la respuesta, pero si nos atenemos a los hechos y a los datos, a las dificultades que todavía hoy tienen las mujeres que aspiran a dedicarse a carreras técnicas, al reducido número de científicas – menos del 30% – que hay en el mundo y el escaso número de mujeres que han recibido el Premio Nobel en alguna de las disciplinas relacionadas con la Ciencia – apenas 23, un 3% del total – es bastante probable que la historia de nuestra Einstein-mujer hubiese sido diferente.

¿Imaginan que, debido a ello, la humanidad se hubiera perdido sus hallazgos? La teoría de la relatividad, sus estudios del universo, su predicción de los agujeros negros, los trabajos que sentaron las bases de la física estadística y de la mecánica cuántica… Todo eso que nos aportó el Einstein-hombre no habría existido. Reflexionemos un poco sobre todo esto con motivo del Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia.

¿Saben lo que se conoce como el Efecto Matilda? Les sugiero que vean este vídeo. Matilda J. Gage (1826-1898) fue una activista norteamericana de los derechos de la mujer y la campaña que lleva su nombre, #NoMoreMatildas, tiene como objetivo dar visibilidad a las mujeres científicas que la historia colocó en un segundo plano y contribuir así a superar los estereotipos de género que siguen frenando el avance de la mujer en la Ciencia, en las disciplinas STEM (acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

Solo con devolver a las científicas a los libros de texto, ya estaríamos sorteando un factor que desincentiva el interés de las niñas por la Ciencia: la ausencia de referencias femeninas que les sirvan de inspiración. No es el único obstáculo a derribar – como veremos más adelante – para cambiar una realidad que, aunque ha mejorado, sigue siendo tozuda. Veamos algunos datos.

Las mujeres apenas representan el 35% de los estudiantes matriculados en las disciplinas STEM, según el informe de la Unesco “Descifrar el código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas”. Su presencia es especialmente baja en las carreras de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs, un 3% de los matriculados), Ciencias Naturales, Matemáticas y Estadísticas (5%) e Ingeniería, Manufactura y Construcción (8%).

La situación no difiere en América Latina y Caribe: el porcentaje de mujeres graduadas en TICs oscila entre el 13%-14% (Chile y Brasil) y el 49% (Perú) según datos del informe “Las mujeres STEM en América Latina y Caribe” de ONU Mujeres. El problema es que son precisamente éstas las carreras de las que más déficit tenemos en el mundo y las que más necesitamos para construir nuestro futuro, un futuro claramente cada vez más digital. A la luz de la Cuarta Revolución Industrial, los trabajos del futuro requerirán competencias STEM y conocimientos en disciplinas como inteligencia artificial, robótica, nanotecnología, impresión 3D, genética o biotecnología entre otras.

¿Qué otros obstáculos debemos apartar para dar al talento femenino las mismas oportunidades en la ciencia? Hay frenos económicos, culturales, educativos y sociales. Tenemos que eliminar los viejos estereotipos de género que persisten en las aulas, sesgos que siguen ahí en los libros y materiales educativos, aumentar el número de profesoras de ciencias que puedan servir de referencia y concienciar a la sociedad en general de que es un error seguir viendo como masculinas ciertas profesiones.

La buena noticia es que estamos tomando conciencia y cada vez surgen más iniciativas públicas y privadas que trabajan para reducir la brecha de género en las disciplinas STEM. En lo que respecta al sector público, es necesario adoptar un enfoque más sistemático, a fin de lograr cambios estructurales; implementar actividades dirigidas a todos los niveles del sistema educativo; estrategias nacionales de largo plazo, políticas de igualdad de género más específicas; y un fortalecimiento de la coordinación entre ministerios y otras instituciones clave.

Desde el ámbito privado han surgido proyectos interesantes que prestan atención a las dinámicas de género en las aulas para romper los estereotipos conectando, además, a las niñas con mujeres reales que actúan como referencias inspiradoras. Un ejemplo es la Fundación Inspiring Girls Internacional con presencia en varios países de América Latina, que persigue aumentar la autoestima, la ambición profesional y las expectativas laborales de las niñas. Actúan tanto desde los colegios como en las empresas y trabajan con voluntarias de distintas profesiones que ayudan a dar visibilidad e inspirar, eliminando así ciertos estereotipos sexistas que tanto confunden a esas edades.

Gráfico

Hay muchas y muy destacadas iniciativas. Sería imposible citarlas todas. Todas son bienvenidas porque el talento no tiene género. Necesitamos más mujeres STEM por razones humanas, científicas, económicas y estratégicas. Desde el lado de los derechos humanos, todas las personas son iguales y deben tener igualdad de oportunidades, incluyendo estudiar y trabajar en el campo de su elección. Desde una perspectiva científica, la inclusión de las mujeres promueve la excelencia e impulsa la calidad de los resultados de STEM, puesto que las distintas perspectivas agregan creatividad, reducen sesgos potenciales y promueven conocimientos y soluciones más sólidas.

Desde un punto de vista económico, además de dar respuesta al déficit de profesionales STEM – solo en América Latina y Caribe, la consultora IDC calcula que faltan casi medio millón – una mayor presencia de las mujeres en estas carreras ayudaría a reducir la brecha salarial de género y garantizaría una fuerza de trabajo más diversa y talentosa. Y, por encima de todo, pondría las razones estratégicas: nuestro futuro está en juego y contar con más mujeres en la Ciencia nos ayudaría a construir un futuro que, en gran medida, viene definido por las carreras STEM, claves para impulsar la innovación y el crecimiento.

Sin ciencia no tenemos futuro. Y no podemos tener un futuro inclusivo y sostenible sin contar con la mitad de la población. Yo no tengo dudas y me sumo a la campaña #NoMoreMatildas. ¿Se unen conmigo?

 

 

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