Guatemala avanza en la diversificación de las fuentes energéticas del sector transporte
El etanol es hoy en día uno de los biocombustibles más utilizados en el transporte liviano y su incorporación a la gasolina se ha extendido progresivamente en distintos países del mundo. Los modelos varían: algunos países establecieron mezclas directas obligatorias a nivel nacional, otros comenzaron con programas regionales y algunos permiten distintas opciones de combustible en sus estaciones de servicio.
En Guatemala, luego de 40 años de contar con una ley y de desarrollar los diferentes reglamentos y normas técnicas, el país puso en marcha su programa de biocombustibles el pasado mes de agosto. La incorporación de una mezcla de 10% de etanol en la gasolina contribuye a diversificar la matriz de combustibles del país y a fortalecer su industria azucarera.
Evidencia para apoyar la adopción del etanol
La experiencia internacional ofrece importantes referencias sobre el uso del etanol, pero para tomar decisiones, Guatemala requería evidencia local, generada bajo condiciones propias del país. Con este objetivo, BID Invest apoyó el desarrollo de estudios técnicos orientados a evaluar la factibilidad del uso de la mezcla E10 en el parque automotor nacional, aportando información independiente para respaldar la toma de decisiones.

Uno de estos estudios se centró en el uso de etanol en motocicletas, un segmento relevante del parque vehicular nacional. Durante 12 semanas se evaluaron 21 motocicletas de diferentes marcas, años, cilindrajes, kilometrajes y sistemas de alimentación, que recorrieron en conjunto 51.764 kilómetros utilizando E10 en condiciones reales de operación.
Los resultados aportaron evidencia favorable. No se identificaron patrones generalizados de deterioro mecánico ni afectaciones operativas atribuibles al combustible durante el período evaluado, y las motocicletas alcanzaron un rendimiento ponderado de 111 kilómetros por galón, en línea con los consumos normales.
Las mediciones ambientales mostraron, además, una tendencia favorable frente a la gasolina convencional utilizada como referencia, con mejoras en distintos indicadores de calidad de la combustión y una reducción de hidrocarburos en diferentes condiciones de operación.
BID Invest acompañó a Guatemala en la generación de evidencia técnica, en mediciones locales y en resultados obtenidos en condiciones reales para respaldar la incorporación del etanol.
Una experiencia que atraviesa continentes
En América del Norte, Estados Unidos ofrece uno de los ejemplos a mayor escala. El país desarrolló durante décadas una industria de etanol estrechamente vinculada a su producción agrícola, principalmente de maíz, el cual hoy en día es un componente habitual de la gasolina utilizada por los conductores estadounidenses y hoy es el mayor productor de etanol del mundo. Canadá también lo ha incorporado a su mercado de combustibles, con políticas nacionales y provinciales orientadas a aumentar sus proporciones en la mezcla final.
Al otro lado del mundo, Europa ha seguido un proceso progresivo. Diecinueve países - Austria, Bélgica, Bulgaria, Chequia, Estonia, Finlandia, Francia, Dinamarca, Irlanda, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, Alemania, Hungría, Rumanía, Eslovaquia y Suecia - comercializan actualmente mezclas de gasolinas con etanol. El Reino Unido introdujo E10 (10% de etanol) como gasolina estándar, mientras que países como España, Portugal e Italia incorporan progresivamente el uso de biocombustibles en sus políticas de transporte y de combustibles renovables.
India convirtió el etanol en una pieza importante de su estrategia de seguridad energética y avanzó rápidamente hacia mayores porcentajes de incorporación en la gasolina.
Tailandia tiene amplia experiencia comercial con diferentes combustibles con etanol. Filipinas cuenta con una norma y un mandato nacional y Vietnam incorporó el uso de etanol en una de las gasolinas comercializadas en su mercado. Japón, por su parte, ha establecido objetivos para aumentar progresivamente la incorporación de bioetanol durante la próxima década.
La experiencia de uso de etanol como biocombustible tampoco se limita a las grandes economías. En África por ejemplo, países como Etiopía, Kenia, Malawi, Mozambique, Sudáfrica y Zimbabue han desarrollado experiencias de incorporación de etanol a sus combustibles, mientras otros, entre ellos Angola y Nigeria, han establecido políticas para ampliar su utilización. En varios de estos países existe además una relación directa entre la industria azucarera y la posibilidad de producir combustible localmente.
En Oceanía, Australia cuenta con mezclas de etanol disponibles y políticas específicas en algunos estados, mientras Nueva Zelanda permite también su comercialización y uso.
América Latina: de pionera a referente mundial
Dentro de esta experiencia global, América Latina ocupa un lugar especial. La región fue una de las pioneras y hoy concentra una parte significativa de la producción mundial.
Brasil es el referente indiscutible: comenzó a utilizar biocombustibles (etanol de caña de azúcar) de manera formal en la década de 1930 como medida para apoyar a los productores locales de azúcar. Sin embargo, la industrialización masiva y el uso nacional generalizado despegaron en 1975, tras la crisis petrolera, con la creación del programa Proálcool. Lo que comenzó como una política para reducir la vulnerabilidad energética evolucionó hasta convertirse en una industria que conecta la producción agrícola, el procesamiento industrial, la distribución de combustibles, la innovación tecnológica y la industria automotriz.
Pero la experiencia latinoamericana va mucho más allá de Brasil. Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Jamaica, Paraguay, Perú y Uruguay han desarrollado marcos, mercados y programas para incorporar etanol a sus combustibles. Costa Rica, por su parte, ha avanzado en un programa para incorporarlo a su estrategia de diversificación energética.
Colombia cuenta con más de dos décadas de experiencia incorporando alcohol carburante a sus gasolinas. Su política vinculó el desarrollo de los biocombustibles con la diversificación energética y el fortalecimiento de cadenas productivas nacionales.
Argentina construyó su modelo sobre una sólida base agroindustrial. Paraguay, por su parte, muestra cómo una economía de menor tamaño puede aprovechar su producción agrícola para desarrollar un mercado relevante de combustibles renovables. Perú y Ecuador ofrecen otras experiencias de incorporación progresiva del etanol vinculadas a capacidades productivas nacionales.
Son caminos diferentes orientados hacia el mismo objetivo: aprovechar los recursos que la región puede producir para diversificar su matriz de combustibles y fortalecer su seguridad energética. Esta es una de las características que hacen particularmente relevante al etanol para América Latina. En Guatemala, BID Invest acompañó este proceso con estudios y evidencia técnica que permitieron evaluar el desempeño del etanol en condiciones reales y generar información clave para su incorporación a la matriz de combustibles del país.
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