Banca resiliente: de la gestión del riesgo a la oportunidad de inversión
¿Qué significa para un banco ser resiliente ante riesgos físicos cada vez más extremos? Además de proteger sus activos y carteras, implica anticipar las necesidades de sus clientes y financiar inversiones que reduzcan su vulnerabilidad.
En América Latina y el Caribe, las pérdidas económicas asociadas a desastres alcanzaron alrededor de US$360 mil millones en los últimos 50 años. Estos eventos comprometen viviendas, instalaciones industriales, campos de producción de alimentos, rutas, entre otros. A ello se suman la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo, que pueden multiplicar los riesgos crónicos.
Algunos casos recientes ilustran el impacto directo en carteras de crédito, seguros y garantías. En Río Grande do Sul, Brasil, las inundaciones de mayo de 2024 provocaron una crisis humanitaria y pérdidas económicas estimadas en US$15.000 millones. El sector agropecuario registró pérdidas por US$2.400 millones y los daños en viviendas superaron los US$920 millones.
En Argentina, la sequía de 2022 y 2023, asociada a La Niña, generó pérdidas en producción y exportaciones agrícolas cercanas a US$20 mil millones. A este antecedente se suma el fenómeno de El Niño 2026–2027, cuya intensidad podría agravar los riesgos de inundaciones y sequías en distintas zonas de la región, con consecuencias para la actividad económica y el sector financiero.
Riesgos, pero también oportunidades
Para las instituciones financieras, estos riesgos tienen materialidad directa: deterioro de la capacidad de pago de los clientes, mayor necesidad de financiar la recuperación posdesastres, interrupciones de negocio, pérdida de valor de activos y garantías, más siniestros y concentraciones de riesgo en ciertos sectores o geografías. Pero la exposición a riesgos físicos es solo una parte de la ecuación.
La creciente vulnerabilidad de las empresas y los activos también genera una necesidad significativa de inversión en adaptación y resiliencia. Sectores como agricultura, vivienda, infraestructura, agua, energía, construcción, industria, transporte y turismo necesitan proteger sus activos, reducir interrupciones del negocio poseventos catastróficos, reducir pérdidas esperadas, fortalecer sus cadenas de suministro y adaptar sus operaciones a nuevos riesgos.
Esto abre una oportunidad para la banca: pasar de reaccionar a anticipar. En lugar de limitarse a mitigar pérdidas y reestructurar cartera cuando el evento ya ocurrió, puede medir su exposición a sequías e inundaciones, integrar indicadores de seguimiento en su estrategia y gobernanza, y anticiparse a posibles exigencias prudenciales de los reguladores.
Y, sobre todo, puede convertir esos riesgos en oportunidades de negocio: financiar inversiones que reduzcan la vulnerabilidad de sus clientes, como riego tecnificado, drenaje, almacenamiento o infraestructura eléctrica, y trabajar junto a aseguradoras y al sector real en mejores productos de transferencia de riesgos. Así, la resiliencia deja de verse únicamente como un costo y se convierte en una relación de negocios colaborativa donde todos ganan.
Transformar estos riesgos y oportunidades requiere compartir conocimiento, identificar desafíos comunes y construir respuestas colectivas.
Encuentro regional de banca resiliente
En 2025, el Grupo BID presentó Preparados y Resilientes en las Américas, y en 2026, BID Invest lanzó Empresas Preparadas y Resilientes (Ready & Resilient Enterprises), una iniciativa regional diseñada para fortalecer la resiliencia frente a desastres en América Latina y el Caribe, con énfasis en la gobernanza para la prevención y reducción de riesgos, la preparación ante desastres y la respuesta rápida.
En ese marco, los días 23 y 24 de septiembre se realizó en Buenos Aires un encuentro regional sobre banca resiliente. Participaron 18 referentes de la banca y seguros de Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Panamá y Paraguay, principalmente directivos y especialistas de gestión de riesgos y sostenibilidad. El trabajo fue facilitado por BID Invest y Fundación BASE, a través de una metodología participativa de diagnóstico y generación de propuestas.
El objetivo fue identificar y priorizar barreras y oportunidades para integrar la resiliencia en los modelos de negocio del sector financiero, conectando la identificación y valuación de los riesgos físicos, con su gestión proactiva y la generación de nuevas oportunidades de negocio para el financiamiento de inversiones en adaptación.
Lo que surgió del encuentro
Los participantes identificaron obstáculos que se refuerzan entre sí: dificultades para traducir riesgos físicos en impactos financieros y casos de negocio; insuficiente integración de información y herramientas en la originación y gestión de cartera; criterios de elegibilidad complejos; oferta financiera e incentivos que no reflejan adecuadamente los beneficios de la adaptación; y necesidades de capacitación y coordinación interna. En naturaleza y biodiversidad, también destacaron la dificultad de identificar inversiones financiables y evaluar operaciones pequeñas.
A partir de un ejercicio de co-creación, se propusieron soluciones como herramientas de análisis y gestión, formación comercial, mecanismos de gobernanza, metodologías de elegibilidad adaptadas, revisión de carteras, propuestas de productos financieros y articulación con seguros.
Estos resultados sientan las bases de una hoja de ruta regional para orientar los próximos esfuerzos de BID Invest. El desafío ahora es llevar las propuestas a la práctica y avanzar hacia un modelo de banca resiliente capaz de anticipar riesgos, generar oportunidades de negocio y movilizar más capital privado hacia la adaptación y la resiliencia.
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