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¿Podrá el sector privado alimentar al mundo?

Frente al desafío de cómo alimentar al mundo en 2050, América Latina ha sido identificada como la región con mayores posibilidades para liderar este esfuerzo. ¿Será capaz el sector privado de satisfacer esta creciente demanda?

Con un tercio de los recursos de agua dulce del mundo y un cuarto de la tierra de cultivo de potencial mediano y alto, la región de América Latina y el Caribe alberga casi el 40% de la biodiversidad de la Tierra. Más aún, el 36% de su tierra cultivable está a tan solo seis horas de algún mercado, según una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esto la transforma en la región exportadora de alimentos neta más grande del mundo.

La región tiene ventajas comparativas que van más allá de la tierra, el agua y el hábitat natural. La habitan agricultores pequeños y medianos que cuentan con generaciones de experiencia y un don especial para la innovación. Sus emprendimientos representan el 80% de todas las granjas de América Latina y el Caribe, contribuyen un 40% de la producción y generan 64% del empleo del sector agrícola. Casi 13,3 millones de los pequeños agricultores no tienen acceso al crédito formal. Sin embargo, hay nuevas fuentes de financiamiento y conocimiento que están ampliando el cultivo y la productividad.

Las empresas grandes de la región están fomentando la integración de los pequeños agricultores en las cadenas de valor. Un ejemplo es Ecom Agroindustrial Corporation, un gran comerciante cafetero con operaciones en 30 países de todo el mundo. La empresa invierte en prácticas agronómicas que se aplican directamente en las granjas y en tecnología de adaptación al cambio climático. Además, oficia de intermediario brindando crédito a su cadena de suministro formada por pequeños agricultores.

Una asociación entre BID Invest, la Corporación Financiera Internacional y Starbucks buscó ampliar el apoyo de ECOM a los agricultores, a través de la gestión de créditos de largo plazo. La onda expansiva generada por el proyecto va mucho más allá de un solo cliente de una multilateral.

Las empresas industriales de mayor envergadura pueden complementar los esfuerzos de financiamiento a pequeños agricultores. Alcanzan altos niveles de capacidad y escala de producción en momentos de profunda inseguridad alimenticia y algunas de ellas han encontrado maneras de mejorar la eficiencia y reducir los efectos en el medio ambiente.

CAIASA es una de ellas. La procesadora de soja paraguaya y cliente de BID Invest tiene capacidad de biomasa y un proceso para el tratamiento de aguas residuales que evita por completo la contaminación. Gracias a los servicios de financiamiento y asesoría de BID Invest, por parte del BID, CAIASA está aumentando la producción y eliminando las emisiones de carbono al mismo tiempo. Así, la agricultura industrial ocupa un lugar importante en el progreso de la economía circular.

La agricultura y la producción de alimentos son responsables del 30% de las emisiones mundiales de gases con efecto invernadero, así como del 70% de la extracción de agua. Sin embargo, el liderazgo de empresas grandes y pequeñas puede reducir este impacto y reforzar la producción alimentaria. Para eso, cada día hay nuevas iniciativas tecnológicas que pueden ayudar a la industria en esta misión, como la aplicación Global Forest Watch, y las plataformas para compartir lo último sobre iniciativas existentes, como AgroLAC y New Visions for Agriculture.

Si bien es cierto que el sector privado probablemente no alimente al mundo por sí solo, tiene herramientas y alcance para probar modelos y llegar a los proveedores y consumidores. Gracias a las alianzas que se están forjando, esos modelos se conectan con capital, asesoramiento, políticas y mucho más. Así, crean un potencial infinito de alimentar al mundo de manera sustentable.

Escrito por

Elizabeth Nicoletti

Elizabeth Nicoletti maneja comunicaciones ejecutivas y participación de partes interesadas en BID Invest, donde cubre proyectos complejos de infraestructura con asuntos de riesgo contextual y reputacional además de liderar las comunicaciones para la Oficina del Gerente General. Antes trabajaba en la Vicepresidencia del Sector Privado y Operaciones sin Garantía Soberana como una redactora de discursos, y en la División de Mercados Financieros del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Antes de llegar al Grupo BID, Elizabeth trabajó en la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) en Washington, DC, la Fundación Chol-Chol en Temuco, Chile y el Centro Internacional de Investigación de la Mujer (ICRW, por sus siglas en inglés) en Washington, DC. Elizabeth cuenta con una maestría en economía internacional de Johns Hopkins University, School of Advanced International Studies (SAIS) y es licenciada de Georgetown University de Washington, DC.

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