Las torres de telecomunicaciones que sostienen la economía digital
Conducir por casi cualquier carretera hoy implica pasar junto a ellas sin prestarles demasiada atención: estructuras de acero, a veces camufladas como palmeras, que silenciosamente hacen más por el PIB regional que muchas de las cosas que sí llaman la atención. Las torres de telecomunicaciones son la columna vertebral poco visible de la economía digital y, en América Latina y el Caribe, esa infraestructura aún presenta brechas por cerrar.
Contribuir a cerrar esas brechas es el objetivo de la nueva línea de crédito regional de BID Invest con Torrecom, una de las principales compañías independientes de torres de América Latina, con sede en Florida. El préstamo garantizado sénior por US$140 millones, estructurado a través de varias subsidiarias prestatarias, financiará inversiones para el crecimiento de la compañía hasta 2028 y refinanciará parte de su deuda existente en mercados que van de México a Chile. Actualmente, la empresa cuenta con más de 1.500 torres distribuidas en 11 países.
Más al sur, recientemente concretamos una inversión de capital de US$10 millones en Atis para respaldar la expansión de su infraestructura de torres en el Cono Sur. Aunque se trata de una operación de menor tamaño, fue diseñada para enviar una señal clara de confianza en un modelo de negocio de compañías independientes de torres que aún se está consolidando en mercados donde los operadores históricamente han retenido la propiedad de la infraestructura pasiva durante más tiempo que sus pares regionales. Así es una verdadera relación con una institución financiera de desarrollo (IFD): en vez de una única transacción, un conjunto de inversiones, tanto en deuda como en capital, que acompaña el crecimiento del sector a lo largo del tiempo.
Hoy, las torres alojan cada vez más conexiones de fibra óptica para el transporte de datos, sistemas de respaldo de energía y pequeños gabinetes de edge computing para procesar datos cerca de donde se generan. Lo que antes era una estructura pasiva de acero se está convirtiendo en un nodo activo dentro de un ecosistema digital mucho más amplio.

Más torres para el auge de la inteligencia artificial
Todos hablan de centros de datos, clústeres de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y enormes campus dedicados a la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, toda esa capacidad de procesamiento pierde valor si no puede llegar a las personas o máquinas que la necesitan. Las torres se están convirtiendo en la última milla de la inteligencia artificial, tanto como lo es una llamada telefónica, sirviendo como la capa física que transporta los resultados de los modelos de IA hasta la tableta de un agricultor, un sensor logístico o el sistema de control de una planta industrial.
Las compañías independientes de torres continúan ganando terreno frente a los operadores móviles en toda la región y ya controlan más de la mitad de la infraestructura existente. Esta tendencia responde, en gran medida, a que los operadores están vendiendo infraestructura pasiva para financiar la adquisición de espectro radioeléctrico, lo que impulsa modelos de uso compartido en los que varios operadores pueden utilizar la misma torre.
Al mismo tiempo, otras tecnologías están ampliando las opciones de conectividad. Las constelaciones de satélites en órbita terrestre baja están llegando a zonas donde una torre difícilmente sería viable desde el punto de vista económico. Las redes privadas 5G se despliegan en minas, puertos e instalaciones industriales, mientras que las celdas pequeñas absorben parte del creciente tráfico de datos en áreas urbanas densamente pobladas. Ninguna de estas tecnologías sustituye a las torres. Más bien, las complementan. Las torres evolucionan constantemente, incorporando nuevos arrendatarios, soluciones energéticas y mayor capacidad de edge computing.
Estas características del mercado se alinean con el mandato de financiamiento a largo plazo de las IFD. La expansión de la infraestructura de torres en zonas rurales y periurbanas de América Latina y el Caribe implica períodos prolongados de recuperación del capital invertido. También enfrenta riesgos cambiarios y desafíos en la construcción y obtención de permisos. Estos factores suelen llevar a los financiadores comerciales a actuar con cautela fuera de los principales mercados de grado de inversión de la región.
Precisamente ahí es donde el capital paciente y a largo plazo de las IFD puede marcar la diferencia. Otorgar financiamiento para reducir riesgos en las etapas iniciales atrae a financiadores comerciales y promueve estándares ambientales y sociales que favorecen la aceptación de los proyectos por parte de las comunidades locales. Cada nueva torre conectada representa un hogar con mayores oportunidades de acceso a servicios financieros, educación y atención de salud.
Un mercado de infraestructura de torres en expansión
Se espera que la demanda de infraestructura de torres continúe creciendo. Brasil aún cuenta con una densidad de torres significativamente menor que la de Estados Unidos en relación con su población, lo que muestra el margen de crecimiento que existe a medida que las suscripciones 5G se acercan a representar la mitad de las conexiones móviles de la región hacia el final de la década. Colombia, Paraguay y México ya están incorporando obligaciones de expansión de la cobertura rural en sus subastas de espectro, transformando los pagos por licencias en inversiones concretas para llevar conectividad a zonas donde el mercado, por sí solo, no llegaría.
La región andina presenta una versión propia de este desafío. Los corredores montañosos y las poblaciones rurales dispersas lejos de ciudades como Bogotá, Lima y Quito hacen que la construcción de torres requiera mayores inversiones que en muchas otras partes del hemisferio. Las operaciones de venta y arrendamiento posterior (sale-leaseback) están liberando recursos en los balances de los operadores para destinarlos al espectro en lugar de infraestructura física. Asimismo, las soluciones de energía alternativas están ayudando a ampliar la cobertura en zonas fuera de la red eléctrica, llevando conectividad a lugares donde la infraestructura energética aún no llega.
La infraestructura de torres rara vez atrae la atención del público. Nadie publica una foto de una torre de telecomunicaciones en Instagram. Pero cada vez que revisamos una cuenta bancaria, compartimos una fotografía o consultamos una herramienta de inteligencia artificial, probablemente haya una torre detrás que hace posible esa conexión.
La economía digital puede sustentarse cada vez más en software, datos e inteligencia artificial. Sin embargo, sin la infraestructura física que conecta a las personas con esos servicios, ninguna de esas innovaciones podrá alcanzar todo su potencial. Y cada vez más, el capital que impulsa esa infraestructura proviene de instituciones dispuestas a invertir en conectividad digital para ampliar las oportunidades de desarrollo en la región.
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