La fábrica de IA: la próxima gran revolución industrial de América Latina
Cada vez que surge una nueva frontera tecnológica, los países que llegan primero establecen las reglas, capturan el valor y dejan al resto comprando el producto final. La fábrica de inteligencia artificial (IA) es el capítulo más reciente de esa historia, pero esta vez América Latina y el Caribe tiene una oportunidad real de beneficiarse.
La región cuenta con una matriz energética diversa y en expansión que le proporciona un insumo crítico para desplegar y operar instalaciones de fábricas de IA. Las condiciones varían entre países, por lo que los grandes campus de IA se concentrarán donde confluyan energía, conectividad, tierra y capacidad de ejecución. Esto puede atraer inversiones en infraestructura y fomentar un ecosistema regional de ingenieros, desarrolladores y empresas que apoyen una infraestructura de cómputo confiable.
Transformar esa ventaja energética en proyectos concretos requiere capital y capacidad de ejecución a gran velocidad, en un contexto en el que la competencia mundial por construir infraestructura de IA se intensifica. Instituciones como BID Invest pueden desempeñar un papel catalizador al movilizar y estructurar inversiones, ayudando a integrar infraestructura energética, de datos y de cómputo.
Qué es una fábrica de IA y en qué se diferencia de un centro de datos
Una fábrica de IA no es un centro de datos. NVIDIA, empresa que acuñó el término, lo define como un sistema informático especializado que gestiona todo el ciclo de vida de la inteligencia artificial y genera inteligencia a escala.
Un centro de datos tradicional en la nube es, esencialmente, una unidad de almacenamiento muy sofisticada: almacena archivos, ejecuta aplicaciones y transmite contenidos digitales. Una fábrica de IA, en cambio, produce inteligencia. Para ello, procesa datos mediante grandes agrupaciones de unidades de procesamiento gráfico (GPU, por sus siglas en inglés) para generar tokens, los bloques fundamentales de los modelos de IA. Esto incluye el entrenamiento de modelos fundacionales, su ajuste para tareas específicas y la ejecución de inferencias a gran escala.
Las agrupaciones de GPU pueden requerir más de 100 kilovatios por rack, entre 10 y 20 veces más que un servidor tradicional. La infraestructura de IA es física: acero, hormigón, fibra óptica y megavatios. Es una industria pesada con apariencia tecnológica.
Cada vez más países y empresas buscan entrenar y ejecutar modelos en su propio territorio, bajo sus propias reglas y con sus propios datos. Con una inversión global en infraestructura de IA de US$318.000 millones y proyecciones que indican que podría superar el billón de dólares para 2029, la competencia se intensifica. Quienes lleguen tarde podrían encontrar que los mejores lugares, contratos de energía y clientes ancla ya han sido adjudicados.
Políticas públicas, alianzas y capacidad de ejecución
Las decisiones de política pública determinarán cuánto de esta oportunidad logrará aprovechar la región. Los gobiernos de todo el mundo están tratando la infraestructura de IA como una prioridad estratégica. Para América Latina y el Caribe, esto abre espacio para proyectos respaldados por una sólida gobernanza, sistemas energéticos resilientes, estándares ambientales y marcos regulatorios claros.
Un enfoque regional será más efectivo que replicar el mismo modelo en todos los países. Algunos mercados albergarán grandes campus de IA; otros se especializarán en capacidad de cómputo perimetral, nube soberana, infraestructura energética o conectividad. El éxito dependerá de proyectos con demanda real, alianzas sólidas, rutas de implementación claras y un impacto medible.
América Latina: un protagonista inesperado con condiciones únicas
América Latina y el Caribe representa aproximadamente el 6,6% del producto interno bruto (PIB) mundial, pero recibe apenas el 1,12% de la inversión global en inteligencia artificial. Sin embargo, la energía podría convertirse en una de sus principales ventajas competitivas en la era de las fábricas de IA.
Ejemplos de ello son el excedente energético de Itaipú en Paraguay y el potencial solar de Chile. En un mundo en el que los grandes proveedores de servicios en la nube buscan gigavatios de energía firme, la geografía de América Latina se convierte en un activo estratégico.
Análisis recientes del Grupo BID estiman que la inteligencia artificial podría aportar alrededor del 5,6% al PIB regional para 2030, pero solo si los países amplían la infraestructura necesaria para almacenar, transportar y procesar datos a gran escala.
Un llamado a la acción para la región
La carrera por construir infraestructura de IA ya está en marcha. Las decisiones que tomen los gobiernos e inversionistas durante los próximos tres a cinco años determinarán si América Latina y el Caribe logra capturar una mayor parte del valor generado por la inteligencia artificial o si continúa siendo principalmente usuaria de tecnologías desarrolladas en otras regiones.
Instituciones como BID Invest pueden ayudar a movilizar capital privado, apoyar la estructuración de proyectos, financiar infraestructura digital y conectar la capacidad de cómputo con aplicaciones concretas mediante servicios de asesoría en energía y transformación digital.
América Latina y el Caribe tiene el potencial de convertirse en un polo de desarrollo de ecosistemas de IA, atraer demanda mundial de cómputo, crear conglomerados industriales y generar empleos de calidad. La región cuenta con los recursos energéticos, las ventajas geográficas y la creciente demanda necesarios para competir. El desafío ahora es transformar esas ventajas en proyectos a gran escala.
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