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El café y el buen olfato para los negocios de una empresaria guatemalteca

Por Iliana Martínez Antes de tomarme mi primera taza de café en Estados Unidos, creía que conocía lo suficiente sobre el café. Había pasado mi infancia en las montañas de Guatemala ayudándole a mi padre a cortar y procesar el café de su plantación. Años después tuve la oportunidad de estudiar becada en Estados Unidos y fue en un viaje a San Francisco que me compré un café y me quedé pensando cuando el joven de la cafetería me cobró 2 dólares por la taza.

Hice cuentas y resultaba que en ese tiempo con lo que se pagaba en Estados Unidos por una libra de café podías comprar cien libras en Guatemala. La diferencia de precio, claro, no nos llegaba a nosotros en Huehuetenango sino que se perdía por el camino con tantos intermediarios que había y por la concentración del comercio en manos de algunas compañías transnacionales.

Un comercio justo para los productores

Empecé a entender el potencial de esas cerezas de café que había cosechado de pequeña, pero también me di cuenta de mi impotencia de poder cambiar la historia y crear un mercado más justo desde donde me encontraba.

Cuando terminé mis estudios en Estados Unidos, regresé a Guatemala con el deseo de trabajar en un ambiente que me permitiera desarrollar más la idea de un comercio más justo para los productores de café. Me desempeñé en diversas iniciativas y tras conocer más sobre el tema finalmente me pude incorporar directamente en la Cooperativa Esquipulas, fundada años atrás por mi padre y otros agricultores.

En esa época el precio del café estaba por los suelos. Es un producto donde el productor no tiene el derecho de poner los precios. El mercado internacional los dicta, y lo que dictaba entonces no cubría ni nuestros costos de producción. Sin embargo, no podíamos cobrar más por mucho que quisiéramos y con cada quintal que vendíamos, perdíamos dinero.

Calidad vs. cantidad

La única alternativa era salirse del sistema convencional y tratar de entrar en el mercado de los cafés especiales donde el precio se rige por la calidad del producto. Sabíamos que los cafés especiales tenían ciertos requerimientos y estándares de trazabilidad y calidad, pero para llegar a ese próximo nivel tuvimos que superar una serie de obstáculos financieros, administrativos, de conocimiento técnico, de infraestructura, de acceso a mercados, etc.

Desarrollamos actividades que apoyaron aspectos importantes del negocio y como gerente general de la cooperativa empecé a contactar a expertos nacionales e internacionales para traer conocimiento, mejorar la calidad de nuestro café y darle sostenibilidad a nuestra iniciativa.

[caption id="attachment_5278" align="alignnone" width="693"]Al invertir en la calidad de sus cerezas de café, la cooperativa logró entrar en un nuevo mercado Al invertir en la calidad de sus cerezas de café, la cooperativa logró entrar en un nuevo mercado[/caption]

Trabajando con los expertos nos dimos cuenta de que nuestras montañas tenían las condiciones perfectas para producir un café de altísima calidad. Sin embargo, necesitábamos un cambio de cultura y no fue fácil convencer a los viejos cafetaleros, en su mayoría hombres, de cambiar sus prácticas de cultivo y apostar por la calidad. Fue un desafío motivarlos y convencerlos, y les costaba verme en el papel que tenía, ya que las mujeres tradicionalmente trabajaban en la cosecha del café, no en la gerencia y los negocios.

Al final el tiempo nos dio la razón. Mejoramos el rendimiento de nuestras cosechas, aprendimos sobre los procesos de exportación y nos independizamos del mercado convencional. Nos costó mucho esfuerzo, pero conseguimos un sello de calidad reconocido a nivel mundial que nos permite ponerle un precio justo a nuestro café.

Hoy, cuando viajo a otros países para encontrarme con nuestros compradores o presentar nuestro café en una feria, todavía me tomo mi taza de costumbre en alguna cafetería local. Pero no me da pena si me cobran 2 o 3 dólares, porque sé que en Huehuetenango ahora podemos vivir de nuestro café y eso me llena de orgullo.

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Sobre la autora

Iliana Martínez es gerente general de la Cooperativa Integral de Ahorro y Crédito Esquipulas, R.L. Ubicada en La Libertad, provincia de Huehuetenango, la cooperativa cuenta con más de 1,150 socios en su mayoría cafetaleros. Su café hoy se vende en Estados Unidos, Canadá, Italia y Reino Unido.

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Autor invitado

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