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Invertir en agua y saneamiento no es un negocio sucio

En plena era de ciudades inteligentes, impresión 3D e inteligencia artificial, The Economist declaró el inodoro la mayor innovación del mundo. ¿Por qué? Ha salvado la vida de miles de millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud, cada dólar gastado en saneamiento genera un retorno de US$5,50. En América Latina son US$7,00 – el segundo valor más alto después de Asia Oriental. Las personas saludables son más productivas, faltan menos al trabajo y presentan niveles más bajos de desgaste.
ELIZABETH NICOLETTI
AGOSTO 14 2020

Invertir en agua y saneamiento no es un negocio sucio

Sin embargo, el tema va más allá de la salud. Los sistemas de agua y saneamiento deficientes afectan la educación, la igualdad de género, el comercio, el crecimiento económico, la seguridad alimentaria, la energía y el medio ambiente. Con sequías, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes y extremos, el cambio climático hace que las lluvias y las corrientes de agua sean menos predecibles que nunca. La escasez de agua en países como Brasil aumenta los costos de la electricidad, los precios de las materias primas y la inflación, al tiempo que rompe la confianza de los inversores.

A pesar del crecimiento económico de América Latina y el Caribe a lo largo de las últimas décadas, las estadísticas en agua y saneamiento siguen siendo abrumadoras y son muestra de la marcada desigualdad en la región. Un total de 110 millones de personas todavía no tiene acceso a servicios de saneamiento aceptables, y 36 millones de latinoamericanos y caribeños carecen de agua potable. En Bolivia, Brasil, Haití, Nicaragua y Perú, menos de la mitad de la población rural cuenta con un saneamiento adecuado. Se estima que las pérdidas económicas mundiales asociadas a estas deficiencias alcanzan US$260 mil millones por año. Para algunos países, ascienden al 7 por ciento del PIB.

El acceso universal y equitativo a agua y saneamiento es uno de los objetivos de desarrollo sostenible formulados por la ONU para 2030 y uno de los desafíos más importantes del siglo 21. Lograrlo significaría añadir 3,2 millones de días productivos a nivel mundial.

Sin embargo, el 77 por ciento de los países indican que no cuentan con financiamiento suficiente para agua y saneamiento. En el pasado, los gobiernos solían tomar la iniciativa para cerrar la brecha de inversión en infraestructura. En la actualidad, el sector privado participa cada vez más.

Según un reciente artículo de Financial Times, el sector presenta un doble atractivo. Los inversores reconocen la escasez de agua y la preocupación por la sostenibilidad como una prioridad de negocio, además se sienten atraídos por los rendimientos financieros prometedores del sector.

En Brasil, por ejemplo, el gobierno está colaborando con empresas privadas para llevar agua y saneamiento a personas en zonas donde los servicios públicos no dan abasto. En 2016, la Corporación Interamericana de Inversiones, miembro del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo, hizo el primer desembolso de un préstamo por 320 millones de reales (aproximadamente US$89 millones) a Aegea Saneamento e Participações S.A.

Aegea, con sede en São Paulo, provee agua y saneamiento a más de 2,2 millones de personas en 44 ciudades de todo Brasil. Ahora, la empresa busca ampliar su red y mejorar las operaciones a través de un proyecto de inversión de 856 millones de reales (US$238 millones). El préstamo de la CII se estructuró a 12 años y en moneda local para mitigar la exposición de la empresa ante las fluctuaciones de divisas, condiciones especialmente atractivas considerando los largos plazos que se manejan en el sector y las fluctuaciones cambiarias.

El proyecto tiene como objetivo aumentar la cobertura del servicio para los brasileños y llenar el hueco de financiamiento para las plantas de tratamiento de aguas industriales. Esta industria tiene un valor estimado de US$53 millones a nivel mundial.

Además del préstamo, la CII está apoyando a Aegea con servicios de asesoramiento que incluyen una evaluación de su gestión del riesgo a eventos extremos provocados por el cambio climático y su programa para reducir la pérdida de agua.

Si bien el financiamiento y los recursos movilizados por las multilaterales y los inversores institucionales seguirán empujando el sector hacia el acceso universal, la adaptabilidad al cambio climático tendrá un papel cada vez más importante en la modernización de acceso a agua y saneamiento. Garantizar que todos los latinoamericanos y caribeños tengan acceso a un inodoro es tan sólo el primer paso.

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