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La crisis del COVID-19: oportunidad para el sector financiero


A diferencia de la crisis del 2007-2009, cuando el sistema global bancario fue una causal del deterioro económico, en esta crisis los bancos están posicionados como parte de la solución, y ese es el rol que deberán jugar. ¿Cómo pueden hacerlo?

Las evidencias del profundo impacto de la crisis del COVID-19 ya pueden verse en toda la región. Tanto las grandes empresas como las PYME de América Latina y el Caribe (ALC) sintieron una súbita interrupción en sus cadenas de valor y flujos de caja, limitando la capacidad de hacer frente a sus compromisos financieros. En consecuencia, el sistema financiero también padece estos efectos, y los bancos verán afectada su calidad de cartera y provisionamiento, lo cual reducirá su rentabilidad y posiblemente su solvencia.

Sin embargo, a diferencia de la crisis del 2007-2009, la mayoría de los bancos en la región han entrado en esta desafiante situación en una posición financiera más sólida que en el pasado. Muchos países habían adoptado regulaciones creadas a partir de la última crisis financiera para fortalecer los balances, e inclusive algunos ya habían adoptado recomendaciones del marco regulador Basilea III.

Sumado a esto, hoy día los reguladores en la región han sido proactivos al tomar medidas para incentivar a los bancos a reestructurar términos o refinanciar a sus clientes, incluyendo disposiciones temporales sobre la contabilización de préstamos atrasados y el uso de reservas anticíclicas.

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Entidades financieras como Banco Promerica Costa Rica son un buen ejemplo de las iniciativas que se están tomando al nivel comercial: un 70% de su cartera de negocios son PYME, y el foco está ahora en identificar a aquéllos que requieren apoyo y préstamos para mantener los flujos necesarios para continuar operando.

Gráfico

Con sectores específicos de la economía como el turismo, el comercio y el transporte bajo especial presión, Promerica ha tomado medidas específicas de alivio. Estas incluyen una mora de pagos para los clientes del sector turístico hasta 2021. La escala del problema es evidente al observar que el banco ha brindado apoyo financiero al 52% de su cartera de negocios desde Junio.

Sin tener la necesidad de refugiarse en una limitada liquidez, los bancos tienen una oportunidad para salir de la crisis con un mejor posicionamiento estratégico del que tenían previo al surgimiento del COVID-19. Entre las iniciativas que podrían adoptar están:

  • Implementar la banca digital: Salvo algunas excepciones, los intermediarios financieros en ALC han demorado en implementar iniciativas de digitalización en comparación a otras regiones. Resulta evidente la necesidad actual de ofrecer servicios digitales como resultado del distanciamiento social. Sin embargo, los bancos han de implementar medidas más agresivas y permanentes para transformar su modelo de negocio a digital. Dada la limitada actividad económica, en los próximos meses se espera un bajo volumen transaccional, lo que podría significar una oportunidad para desarrollar plataformas y procesos que ofrezcan a los clientes una experiencia 100% digital.

  • Asociación con fintechs y otros comercios: Siguiendo el punto anterior, salvo limitadas excepciones, los sistemas financieros de ALC no han mostrado mucha disposición a evolucionar hacia la banca abierta u open banking. La banca abierta es un esquema que permite a consumidores y empresas compartir de forma eficiente y segura su información bancaria con terceros (previa autorización). Este intercambio de información, vital en el fomento de asociaciones comerciales con empresas de tecnología financieras o no financieras, ofrece gran valor agregado a los clientes de la banca. Estos nuevos servicios y productos pueden ser adicionales a la oferta actual, o desprenderse del servicio existente en busca de mejoras. La oferta diferenciada, que la coyuntura actual demanda, se traduce en grandes oportunidades para la innovación bancaria e inclusión financiera en ALC. Si bien el apoyo de reguladores para implementar enteramente el open banking será necesario, ya existen países en la región desarrollando el cambio requerido (e.g., México).

  • Enfoque del negocio en el valor compartido: Desde mucho antes de la pandemia, ya existía una tendencia de las empresas de enfocar su modelo de negocio hacia un valor compartido, es decir, ir más allá del valor económico empresarial y generar valor para la sociedad. Existe amplia literatura e investigación académica que nos indica que las empresas que velan por todos sus stakeholders generan mayor valor a sus accionistas a largo plazo. En 2019, el Business Roundtable –asociación que reúne a los líderes de las mayores empresas de EE.UU.– generó una interesante reacción a partir de una declaración en torno a la redefinición del propósito de las corporaciones; en ella confirmaban la tendencia, al indicar que los ejecutivos deben velar no solamente por sus accionistas, sino incorporar valores como el trato ético y justo con proveedores y apoyar a las comunidades en donde se opera. La crisis del COVID-19 presenta una oportunidad para la banca en general a reivindicarse por posibles perjuicios del pasado, mostrándose como verdaderos catalizadores de la economía y generando un impacto positivo ante sus empleados y comunidad. Sin embargo, esto no debe de ser sólo una ayuda temporal. Es una oportunidad para que los intermediarios financieros revisen sus estrategias e incorporen de forma estructural un enfoque de impacto social y ambiental.

Si bien aún no es posible hablar de cifras concretas, la crisis del COVID-19 es sin duda una oportunidad para que los intermediarios financieros se transformen y estén mejor posicionados a largo plazo. A diferencia de la crisis del 2007-2009, cuando el sistema global bancario fue una causal del deterioro económico, en esta crisis los bancos están posicionados como parte de la solución, y ése es el rol que deberán jugar.

De la mano de las instituciones de desarrollo, los intermediarios financieros pueden lograr que el necesario acercamiento con sus empleados y comunidades sea el principio de una evolución hacia un modelo de negocio con un mayor impacto social y ambiental de largo plazo.

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Authors

Jan Petter Eskildsen

Jan es Director de Servicios Financieros para Centroamérica, México y República Dominicana en BID Invest. Él se incorporó al equipo en 2017 para liderar la originación y estructuración de inversiones de impacto para intermediarios financieros en esta región desde la oficina del Grupo BID en la Ciudad de Panamá. Desde que se incorporó a BID Invest, Jan ha liderado y participado en proyectos de financiamiento, incluyendo préstamos, inversiones de capital y productos de mercados de capitales a diversos tipos de intermediarios financieros. Previo a incorporarse a BID Invest, Jan trabajó en las divisiones de banca de inversión de UBS y Lazard proveyendo asesoría financiera a clientes corporativos y de servicio financiero a través de EE.UU. y Latinoamérica por más de 12 años desde las oficinas de Nueva York y Ciudad de Panamá. Jan tiene una Licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Santa María La Antigua en Panamá y un MBA de The Wharton School de la Universidad de Pensilvania.

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